
La niña era un tétrico espejo al revés, con la mira en el alma de la maquina de shop, mi Dios,
-Buen día dispenseme es usté todo un-
La niña, la erudita la diatriba, tanguera y dos de azúcar en la costra. la niña se tomaba los bigotes y seducía místicos y escaparates angélicos. La olla común les ponía al fuego y a dos manos los cerebros,
Le esparcíamos cremita de los limbos menos oxidados al servir la escudo y sintonizarle el requiem del ultimo Elegido pa’la pichanga.
La niña, mi Dios, confieso, nos hizo salir estos ojos y esta ausencia desorbitada.